Sexta Sección
VOCERO DE LAS COMUNAS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Edición Diciembre 2005
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  ELECCIONES 2005 - CAPITULO FINAL  
 
  LOS NÚMEROS REALES:
EL ORO RELUCE. LA BIJOUTERIE, TAMBIÉN
 
  PRESIDENTE KIRCHNER
Presidente Kirchner

En matemática aprendemos, ya desde la escuela primaria, que "el orden de los factores no altera el producto". Sin embargo, en política, no ocurre lo mismo.

Allá por los primeros días de agosto, y de cara a las elecciones legislativas del 23 de octubre, el presidente Kirchner le dio su impronta personal a esos comicios anunciando que los mismos serían un plebiscito a su gestión.

 
 

Poco afecto a escuchar consejos prestó, sin embargo, atención a uno de sus más estrechos colaboradores que le espetó: "Tené cuidado "Lupín"... Si bien es muy posible que ganemos la elección... para hablar de plebiscito tendríamos que sacar, por lo menos, el 50 % y no lo veo fácil".

Ya para el mes de septiembre el presidente no volvió a hablar de las elecciones en términos plebiscitarios, aunque sí se las cargó al hombro y subió a más tribunas que la que, finalmente, resultó la gran triunfadora: Cristina Fernández, su esposa y senadora de la Nación.

El día siguiente a los comicios, el 24 de octubre, el diario "Clarín" tituló que el kirchnerismo se había impuesto con el 41,5 % de los sufragios en todo el país sumando los votos propios y los de las alianzas que había tejido.

Ese lunes varios funcionarios de primera línea del gobierno nacional volvieron a insistir con que la gestión del presidente Kirchner había sido casi plebiscitada. La cifra final para ellos rondaba el 45 %.

¿Fue realmente así? La alteración de los factores, ¿cambia el orden del producto? A ver: tomemos datos objetivos de la realidad (esto es aquéllos que nadie puede discutir. Ni siquiera el Ministerio del Interior ya que se encuentran volcados en su página de internet). 

 

Ö Definiremos, entonces, al universo de ciudadanos empadronados y habilitados para votar en todo el territorio nacional (incluyendo los que pueden hacerlo desde el extranjero), como el 100 % del padrón electoral. 

Ö Un dato relevante a tener en cuenta (obtenido del sitio web del Ministerio del Interior que es una fuente inobjetable) indica que el 29,7 % de los ciudadanos no concurrió a las urnas, a pesar que en nuestro país el voto es obligatorio. Las estadísticas indican que es el más alto grado de ausentismo desde la restauración de la democracia en 1983.

Ö Este último dato permite inferir: a) Que a casi 3 de cada 10 ciudadanos no les interesó ni el comicio ni los candidatos que se postulaban (¿reminiscencias, quizás, del "que se vayan todos"?). b) Extrapolar es una herramienta técnica de la matemática. Usándola se llega a la conclusión que si los votos obtenidos por el FPV --sobre el 100 % del padrón electoral-- recogió el 41,5 % del mismo, al restarle el porcentual de los que no fueron a votar la cifra encoge dejándola en el 28 % de la voluntad popular.       

Ö Como en toda elección también en ésta hubo votos en blanco o impugnados. Corresponden a ciudadanos que, si bien ejercieron el derecho constitucional del voto, lo invalidaron al no interesarles la oferta electoral que se ofrecía. Datos oficiales indican este guarismo en el 9 % del padrón electoral (1 de cada 10). 

Ö Volviendo a extrapolar: es decir debitando este 9 % del total de ciudadanos habilitados, llegaremos a la conclusión que el Frente Para la Victoria obtuvo, realmente, el 21,7 % de los votos posibles de aquel universo del 100 % de ciudadanos en condiciones de votar. Cifra muy cercana, y exigua, con la que Néstor Kirchner asumió la presidencia del país.

Haciendo las cuentas como se debe solo el 21,7 %  de los votos. Un número demasiado exiguo para hablar de plebiscito.

Ö Volviendo a extrapolar: es decir debitando este 9 % del total de ciudadanos habilitados, llegaremos a la conclusión que el Frente Para la Victoria obtuvo, realmente, el 21,7 % de los votos posibles de aquel universo del 100 % de ciudadanos en condiciones de votar. Cifra muy cercana, y exigua, con la que Néstor Kirchner asumió la presidencia del país. 

Es una costumbre tramposa y poco democrática, de todos los gobiernos, tomar solamente el voto válido para oficializar los datos finales y definitivos de un escrutinio dejando, como en este caso, casi 4 ciudadanos de cada 10, como si no hubieran existido.  Y no está bien porque:

primero: "engorda" artificialmente la verdadera intención del voto popular.

segundo: transforma en "kelpers" electorales a quienes decidieron no votar o, si lo hicieron, recurrieron ex profeso su voto.

Como queda demostrado no todo lo que reluce es oro. También puede ser bijouterie. Depende de cómo la presentemos. Basta, simplemente, aplicar la metodología de "pensar en lo impensable", según hacen los think tanks del primer mundo.