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Néstor Alejandro Martínez Falcón
EN BUSCA
DE LA CAPITAL PERDIDA
"Uno puede defenderse
de los ataques; contra el elogio se está indefenso”, (by
Sigmund Freud).
Desde que se aventurara,
por acá, la gente del Restaurador Juan Manuel de Rosas yendo a
las tolderías próximas al Río Colorado, hasta llegar a la
autopostulación como capital de una provincia que nunca fue,
Bahía Blanca está indefensa por exceso de elogios y miopía
general como decía Octavio Paz de su querido Méjico:
"Quienes somos… cómo realizaremos lo que somos...?".
De eso trata este cuentito corto que demuestra que no
todos nos ven... como nosotros nos vemos.
EL
GUARDAFAUNA
En la costa
del Moquehue el agua cristalina se mecía como siempre cuando no
hay viento. Se la veía con destellos azul verdosos por la hora.
Claro…casi las 9 y media de la noche, en pleno diciembre, algo
de luz había y el sol dejaba rayos minúsculos virtualmente
apagados, pero visibles entre los picos cordilleranos y los
cúmulos grisáceos.
Pese a la hora... fue llegar al lago, bajar los bártulos y las
pilchas y desenganchar el gomón. Sacarle la lona y tirarlo al
agua al lado del poste solitario donde, como si el tiempo no
pasara, estaba firme la canoa de Juana.
Frenético Norberto sacó las cañas, montó los reeles, escudriño
la caja con señuelos y arrancó el Tohatsu. El grupo se llevó la
“camio” a la hostería no sin antes decirle que no
valía la pena salir. Aunque supieran que era en vano: el Nene es
así.
Aún con esa poca luz la desesperación por pescar fue más fuerte
que el cansancio del viaje. En la proa del gomón se podía leer
“Pri - Lu” (por Priscila y Luciano, sus hijos).
Pronto, a pesar de navegar lentamente haciendo trolling por la
margen derecha del lago, la lancha ya no se veía…aparentemente.
Mariano (el guardafauna) tiene su casa, como es obvio, frente al
lago. También tiene prismáticos infrarrojos para ver de noche.
Sintió el ronroneo del motor y oteó el lago como tantas y tantas
veces. Igualmente, obvio, Mariano suele tener tiempo. Y esperó a
que Norberto trajera el gomón de nuevo a la costa, frente al
camping, y cerca de la hostería de Juana, la dueña de la canoa.
“Señor soy guardafauna del Parque Nacional Lanín…
Lo lamento pero tengo que pedirle que me entregue los arreos,
que me muestre su permiso para pescar y si tiene piezas también
me las tengo que llevar...", lo
espetó.
Norberto, definitivamente, terminó de meter la pata. Porque
luego de enfatizar que era un pescador deportivo, un truchero de
alma, un mosquero de ley; que había hecho novecientos kilómetros
sin parar hasta llegar, remató: ”Yo no soy como los
mendocinos, que se vienen con heladeras portátiles y se llevan
hasta las piezas de menos de un kilo…” Mariano,
mirándolo fijamente, le respondió: “Señor yo soy
mendocino... y todos no somos iguales”.
La velada terminó en la cocina de la hostería ante las sabrosas
empanadas que hacía la vieja cocinera mapuche. Y con bromas.
Porque entre los pescadores y el guardafauna primó la
simpatía... digamos profesional.
Mariano, estaba asombrado de ver tantos médicos juntos yendo a
pescar. Entonces Polo le preguntó si nunca iba por Bahía Blanca.
-
Noooo... ni en pedo. Hace dos
semanas fui porque La Anónima estaba de balance. Estuvimos en
Wal Mart y en el otro... No me acuerdo como se llama...
- Bahía Plaza Shopping
-le recordó Polo
- Como se llame... Y de ahí nos volvimos
enseguida nomás. La verdad no entramos a la ciudad porque...
perdonen, eh... pero Bahía es mufa. Lo dijo Charly García en el
programa de Susana... Y encima tienen esas maquinitas para
estacionar y nadie te indica nada... Acá tengo de todo y no me
la creo…!! De verdad…Bahía es mufa…
Y
Mariano, el guardafauna, no pudo evitar que su mano bajara más
abajo de la cintura, del lado izquierdo…
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