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EDITORIAL |
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INCONCLUSA... PERO NO OLVIDADA

La primera nota
de la saga intentó describir ese tumor geopolítico denominado
conurbano, nacido en 1946, y que lipoaspira todos los recursos
que genera la llamada provincia interior; la segunda realizó una
pormenorizada radiografía de los gobernadores "que supimos
conseguir" desde ese año a la actualidad; y el punto de inicio
de esta historia, con final aún no escrito y cuya trama es
desconocida para la mayoría de los bonaerenses, comenzó a
desandarse en 1880, cuando hacía su aparición en el país un
puñado de políticos preclaros que la historia reconoce como "la
generación del 80". Un fenómeno que jamás volvió a repetirse...
ni en cantidad... ni en calidad.
CAPÍTULO:
ENRIQUE JULIO
Casi a fines de
1960 un grupo de estudiosos de la cátedra de Historia Americana
y Argentina II, de la Universidad del Sur, junto a docentes del
Gabinete de Historia Argentina, creado en 1967 en el
Departamento de Humanidades, realizó una recopilación de todos
los proyectos que, en casi un siglo y cuarto, intentaron cambiar
la geografía política de la provincia de Buenos Aires. Por aquel
entonces era rector de la casa de altos estudios el Dr. Roberto
Etchepareborda.
1880: el gran
nudo gordiano
El viejo
problema de encontrar una capital para la República Argentina
quedó solucionado en 1880 cuando Congreso Nacional y Legislatura
Provincial acordaron la federalización de la ciudad de Buenos
Aires. Un alumbramiento "mal parido", al decir de
revisionistas de la historia, ya que para lograrlo debió
incumplirse el pacto de San José de Flores que le garantizaba, a
la provincia, la integridad de su territorio. Más aún: ésta tuvo
que ceder importantes núcleos urbanos como San José de Flores y
Belgrano. |
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El conurbano, al norte y en amarillo,
una malformación de la geopolítica. Sus habitantes
suman 9.270.661 sobre un total de 13.827.203 de
bonaerenses y ocupan apenas 3.580 km2 de un total de
13.827.203. Asoman como la gran "aspiradora" de los
recursos que genera la provincia interior. |
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Electo el binomio, conformado por Dardo Rocha
y Adolfo Gonzales Chaves, que asumió la gobernación
bonaerense en diciembre de 1880, el primero se abocó a la
inmediata e imprescindible tarea de darle al cercenado
territorio bonaerense una capital. Así el 4 de mayo de 1881
un decreto fijó las condiciones que debía reunir el lugar
que se designaría a tal fin.
Señalaba el mismo, como de fundamental importancia, que el
sitio a elegir debería ostentar fácil acceso a vías de
comunicación con el interior y, sobre todo, con la nueva
Capital Federal.
Pocos recuerdan hoy que fueron tenidas en cuenta, para ese
rol de capital provincial, ciudades como Bahía Blanca,
Necochea o Mar del Plata las que, por una u otra razón,
fueron descartadas.
Finalmente se eligió "una ciudad fantasma" para su
emplazamiento ya que sólo estaba en la mente de algunos
estadistas y en tableros de dibujo: La Plata.
Tal vez fue la ubicación más desacertada posible ya que
tuvieron que derramarse ingentes caudales públicos para
cegar los pantanos de Tolosa (área elegida) e improvisar,
contra las indicaciones de la geopolítica, la sede
gubernamental en los suburbios mismos de la Capital Federal
y donde hoy funcionan, casi sin residencia, sus autoridades
y los poderes constituídos. |
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Mientras tanto Bahía Blanca seguía creciendo,
comenzaban a extenderse sus colonias agrícolas e incrementándose
el área sembrada. El aporte inmigratorio que, históricamente, se
produce en la ciudades que crecen expandieron el comercio y la
industria vinculados ambos a lo agrícologanadero. En 1883 la
llegada del ferrocarril y un año más tarde la gigantesca obra de
un muelle de hierro generaron las condiciones necesarias para el
gran salto. Fue, por entonces, que la ciudad comenzó a soñar en
convertirse en la capital del primer estado argentino.
Campaña de "El
Porvenir"
El primero en
lanzar la idea de federalizar Bahía Blanca a través de sus
páginas fue un diario bahiense denominado “El Porvenir”
que, en el primer semestre del año 1884, se transformó en el
adalid de la idea. Sin embargo, la indiferencia del gobierno
provincial hacia todo lo que no fuera La Plata sería una
impronta que llegaría hasta nuestros días. Ya por 1890 la ciudad
había afianzado un indetenible desarrollo haciendo valer su
inmejorable posición geográfica y sus vías de comunicación. El
alto nivel de vida de sus prósperos habitantes quedaba de
manifiesto en los numerosos comercios de artículos suntuarios. A
fines del siglo XIX Bahía Blanca se perfilaba como la ciudad del
futuro rivalizando con las más importantes urbes del país. Sin
embargo un dato llamaría hoy la atención: ya por aquellos años
comerciantes y hacendados de partidos como Patagones, Puan,
Villarino o Adolfo Alsina, por citar algunos, no utilizaban
Bahía Blanca como nudo natural para enviar sus productos a
Capital Federal o al exterior.
"Génesis de un
brillante porvenir"
En 1898 otras
voces se alzaron en pro de una nueva provincia. Es que comenzaba
a emerger la figura de Enrique Julio, fundador de un diario que,
no casualmente, se llama “La Nueva Provincia" y que,
desde su primer número aparecido el 1 de agosto de ese año
intentó demostrar la necesidad de elegir Bahía Blanca como
capital de un nuevo estado nacional. "Vengo a luchar en pro
de una idea grande que encarna para el sur argentino el génesis
de un brillante porvenir", editorializó en el primer
ejemplar.
Enrique Julio consideraba que los partidos del sur de la
provincia, más la totalidad de la gobernación nacional de La
Pampa (años después convertida en provincia) y algunos distritos
del territorio nacional de Río Negro (luego también estado),
ubicados entre las márgenes de los ríos Negro y Colorado, vivían
demasiado alejados de la capital provincial inmune, ya desde
entonces, a las necesidades de los bonaerenses del sur.
Argumentaba que países progresistas, como Estados Unidos, habían
fomentado la creación de estados federales que alcanzaron
enormes progresos tras su descentralización. |
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Otras razones esgrimidas por Enrique Julio
apuntaban a la importancia del puerto de Bahía Blanca (el
mayor de aguas profundas del país), y la natural
convergencia de mercaderías y productos regionales, no sólo
de su zona de influencia, sino también de provincias como
San Luis, Mendoza, San Juan y La Pampa que tenían a la
ciudad como centro estratégico y referencial de sus
relaciones comerciales con el país y el mundo. Se sumaba a
todo esto la vastísima extensión territorial del estado y
las precarias vías de comunicación que impedían una gestión
eficiente a sus gobernantes. En definitiva planteaba un
nuevo territorio de 234.252 km2 contra los 259.776 que le
quedarían a la Buenos Aires residual.
Este nuevo estado provincial, de acuerdo al censo de 1895,
tendría una población total de 90.205 habitantes ocupando,
así, el décimo lugar en la demografía del país superándolo
Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos. Corrientes,
Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Mendoza.
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Enrique Julio: fundador del diario "La Nueva
Provincia" título por demás sugestivo |
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El mapa geográfico propuesto por Enrique Julio,
sin embargo, era demasiado ambicioso y chocaría con poderosos
intereses políticos y económicos, sin contar con que hacía
desaparecer de la faz de Argentina íntegramente la gobernación
nacional de La Pampa, y le cercenaba todo el norte del por
entonces territorio nacional de Río Negro. Aún así la idea
comenzó a trascender y, como resultado de la persistencia del
periodista, la misma fue recogida nada menos que por quien fuera
presidente de la república: el Dr. Carlos Pellegrini, concuñado
de Julio Argentino Roca y que rigió los destinos del país entre
1890 y 1892, tras la renuncia de Miguel Juárez Celman.
Pellegrini fue uno de los primeros políticos que avanzó en la
formulación de un nuevo estado argentino, tema que aún hoy
mantiene su palpitante vigencia institucional a pesar de las
décadas transcurridas y habida cuenta que Argentina debe,
inexorablemente, resolver el futuro curso de su federalismo
aunque deba superar estructuras anquilosadas y cepos políticos.

El proyecto de Enrique Julio hacía desaparecer la gobernación de
La Pampa, succionaba partes
del territorio nacional de Río Negro y sumaba distritos del sur
bonaerense |
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El proyecto Luro
Casi desde la
misma creación de la gobernación de La Pampa se comenzó a
debatir la cuestión de su capital. Si bien la localidad de
General Acha se consideraba firme en sus pretensiones de
imponerse como cabeza territorial, poderosos intereses generaron
las necesarias situaciones de conflicto como para poner en tela
de juicio aquella aspiración. Un terrateniente, llamado Benito
Villanueva, donó terrenos en la zona de Toay con destino de
capital territorial y fue la chispa que detonó un polvorín cuyo
ruido se hizo sentir en la Capital Federal. La cuestión la zanjó
Julio Argentino Roca, a la sazón presidente del país, quien con
un decretazo autorizó al gobernador, Dr. José Luro, a fijar
residencia en Santa Rosa del Toay.
El militar no tuvo en cuenta un pequeño detalle de la
geopolítica: mientras que en las colonias angloamericanas las
ciudades crecieron para solventar las necesidades del campo, en
las hispanoamericanas el campo debió crecer para satisfacer las
necesidades de las urbes.
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Secciones
electorales en que se divide
actualmente la provincia de Buenos Aires |
Y Bahía Blanca era, para el vasto
territorio pampeano, un verdadero faro referencial para su
comercio y transacciones, opacando la capital elegida que tan
sólo alcanzó la estatura de un mero "hotel alojamiento"
para sus autoridades de turno.
De modo que muy pronto comenzaron
a mirarla como la capital que necesitaban si querían expandirse
y crecer. Así la idea de Bahía Blanca, capital de la gobernación
de la Pampa comenzó a tener sustento propio y popular.
Donde no cayó bien la propuesta fue en Carmen de Patagones, la
ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires, cuyas
autoridades vieron la posibilidad de abandonar su condición de
"patio trasero" del gran estado bonaerense para
transformarse en capital de La Pampa.
Idea que pronto naufragó
aunque alcanzó a generar un inesperado remezón. Es que siendo
vecina inmediata de la provincia de Río Negro las autoridades
nacionales estimaron que el siguiente "lance" de los
maragatos apuntaría a ser su capital ya que las autoridades de
Viedma, a raíz de una colosal inundación, debieron trasladar la
sede gubernativa a la localidad de Choele Choel. |
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Por eso Julio
Argentino Roca, apodado "el zorro" por su astucia y que
por segunda vez regía los destinos del país, firmó el 9 de mayo
de 1900 el decreto por el cual la ciudad de Viedma era
consagrada, definitivamente, capital de la provincia de Río
Negro. |
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El inicio del siglo XX, a 10 años de la celebración del primer
centenario de la Revolución de Mayo, y con la impronta que
derramara esa fantástica legión de estadistas que sería conocida
como "la generación del 80", parecía depararle a la
Argentina un período de tranquilidad institucional.
Sin embargo
la llegada al congreso del Dr. Carlos Pellegrini,
como diputado nacional,
reabriría una vieja herida geopolítica hasta el día de hoy no
cicratizada.
El mandatario convulsionó al país, y a los
bonaerenses, con un remozado proyecto de generar otro estado a
partir del desguace de la provincia de Buenos Aires.
Esa es la
historia de la próxima nota. Aunque, mientras tanto, bien
valdría la pena tomar conciencia que la vida humana es un juego
entre la palabra y el silencio: "Hay tiempo de hablar y
tiempo de callar", nos recuerda Salomón en el Eclesiastés
(3, 7). Un guante que arrojamos a nuestros legisladores
provinciales. |

Carlos Pellegrini |
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El proyecto de una provincia nueva da también para el humor de
Zanotta y Haus dibujantes del matutino bahiense
* Por Carlos A. Guardiola
*
Investigación periodística: Lic. María Cristina Garbiero |
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ILUMINISMO POLÍTICO
LA GENERACIÓN DEL '80
Fue el período más notable de la
historia Argentina comprendido entre 1880 y 1916. La
impronta puede sintetizarse en el lema de la
presidencia del general Julio Argentino Roca: "Paz
y Administración". En lo económico el eje giró en
torno a la inserción internacional del país a partir
de la producción de materias primas y alimentos y a la
importación de la mayor parte de los productos que se
consumían en el mercado interno. En lo político,
desarrollando un régimen administrativo moderno a
partir de instituciones imitadas de la Europa
finisecular y con el claro propósito de ofrecer
garantías a los capitales extranjeros que invertían en
el país. Fueron liberales de acuerdo a la filosofía
imperante en la época, y creyeron sinceramente que el
ingreso de capitales extranjeros y el incremento del
comercio exterior, redundarían en el beneficio común.
En lo social, abogaron por los cánones positivistas
del lema de orden y progreso, entendiendo este último
como la estructura necesaria para una proyección de
progreso sostenido.
Ligadas a estas ideas abrieron la discusión sobre la
civilización frente a la barbarie, que se remontaba a
la dicotomía planteada por Domingo Faustino Sarmiento
en su obra sobre la vida de Facundo Quiroga.
Sostenían, por ello, la necesidad de eliminar la
barbarie mediante el orden; y afianzar la civilización
con la inyección de inmigrantes europeos que
aportarían el progreso. Anticlericales, bajo su
impulso se terminó de definir la separación entre la
Iglesia y el Estado sancionando las leyes de
Matrimonio Civil, Registro Civil y Educación Común, la
última de las cuales estableció la enseñanza primaria
pública, obligatoria, gratuita, laica y gradual.
Forzados a sancionar la ley Sáenz Peña, promulgada en
1912, perderían el control del ejecutivo en las
primeras elecciones en que se la aplicó (1916) a manos
del radical Hipólito Yrigoyen. |
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