Sexta Sección
VOCERO DE LAS COMUNAS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Edición Marzo 2006
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  AGROPECUARIAS  
 
 

MUNICIPIO DE PELLEGRINI

ANALÍA QUIROGA
MADRE CORAJE

La conoció el país, a fines de enero de este año, cuando dijo que el presidente de la república "no tenía materia gris". Es dirigente de CARBAP, la poderosa corporación de ruralistas de la provincia de Buenos Aires y de La Pampa; productora agropecuaria, madre de dos hijos y una mujer con mucha personalidad. 

"Soy productora agropecuaria por elección y decidí participar en lo gremial porque estaba cansada de renegar detrás de la tranquera, sin que nunca pasara nada con las políticas para el sector" dice Analía Quiroga, vicepresidenta tercera de la corporación ruralista que supo responder en duros términos a las críticas que el presidente Néstor Kirchner había hecho al sector agrícola tildándolo de "avaro".

 
 
 

Analía Quiroga

Nació hace 46 años en Pellegrini, en el oeste bonaerense, una localidad de poco más de 6.000 habitantes. Está casada con el productor Horacio Burlo y tiene dos hijos, Gastón (23) y Mercedes (19), estudiantes de la carrera de veterinaria. Mucho antes de convertirse en productora, Quiroga, que en su adolescencia fue pupila en el Colegio María Auxiliadora de Santa Rosa, (La Pampa), intentó seguir odontología en la Universidad de Buenos Aires. Estudió tres años y después abandonó "porque me enamoré en esa época de un productor", comenta. Regresó a Pellegrini para vivir en el campo, en una zona donde las inundaciones han sido una constante en las últimas décadas aunque recientemente fue castigada con una interminable sequía.

Allí tiene hoy una empresa familiar para la producción ganadera y agrícola junto a su esposo. Sobresale, dicen quienes la conocen, por su temperamento frontal.

 
 
 

"Yo soy así: cuando hay cosas que me duelen, lo demuestro", explica. Quizá, por esa forma de ser, le respondió duramente Kirchner y hoy lo analiza: "No me pude controlar; no nos merecemos los términos que él había usado". A las filas del gremialismo rural llegó hace cuatro años, por invitación de un amigo.

Analía, desde el 2002, es miembro de la comisión directiva de la Sociedad Rural de Pellegrini, y delegada ante CARBAP por esa entidad. Su ficha dice que también fue delegada de CARBAP ante CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) en el tema carnes y que además integra diversas entidades técnicas del sector

Vale la pena recordar que CRA tiene la mayor representatividad territorial entre las entidades del agro en nuestro país y que aglutina a 300 sociedades rurales del interior, sumando a unos 100.000 productores. Entre otros los de CARBAP. Usualmente los bonaerenses y los pampeanos siempre han adoptado posiciones más moderadas que las demás entidades ruralistas. Pero en este caso, y ante el gobierno, sus dirigentes han tenido y tienen fuerte presión de las bases, en especial de los ganaderos.

Por el raro arte de la magia periodística, las referencias a la señora Quiroga se han esfumado del pináculo noticiero en los últimos tiempos. Aunque muchos, a fines de enero de este año, creyeron estar en las vísperas de un alumbramiento. Cuando parecía que no había lugar más que para el pesimismo, pequeñas luces de esperanza sacudieron el letargo del comienzo del verano muy a tono con las irascibilidades de la era K.

 
       
 

Fue cuando una voz femenina se alzó en arrebato y vino a ser un llamado de atención para quienes no ven más allá de un palmo de sus prominentes narices. Era la de Analía Quiroga (cuyo nombre suena algo épico) cuya sensatez y contundencia conmovieron al país. Su exposición -así merecería ser calificada– es un raro ejemplo de convicciones cívicas, bien alejadas del rebuscamiento retórico con que se suelen adornar las expresiones políticas.

Analía Quiroga  
 
 

Con una sencillez que no logra ocultar un intelecto cultivado, nos deja ver su credo que, de tan simple, abruma. El trabajo, la constancia, la fe, el respeto por los mayores, el orden, la disciplina y la coherencia con sus convicciones, dibujan un perfil de mujer comprometida y sincera, muy a contra pie del estereotipo que nos han mostrado, hasta aquí, algunas damas avenidas a la arena política.

Su naturalidad, el amor y la admiración por sus padres, el orgullo de verlos aún en su vejez inclaudicables en su cultura de trabajo y la claridad de propósitos acerca de sus hijos y de sí misma, conmueven.

Su rápido salto a la popularidad provino de aquel exabrupto del que, lúcidamente y con elegancia, se retractó, no sin antes dejar en claro que no acepta el destrato y el capricho y que la molesta que se la prive del ejercicio de la libertad. Representa a un sector de productores rurales que, como ella, viene sufriendo la política de confrontación a la que es tan afecto este gobierno.

Su reclamo debería ser un llamado de atención para toda la sociedad, ya que la confrontación como método, hasta aquí, no ha reconocido fronteras. Y cuando eso ocurre surgen líderes espontáneos sin necesidad de más chispa que la reacción ante la injusticia. Porque es injusto el gobierno cuando acusa "al boleo", sin querer ver las razones profundas de las cosas, que por otra parte les concierne atender y corregir.

Seguramente seguiremos sintiendo hablar de Analía Quiroga, esta madre coraje que quiere lo que muchos: respeto por el otro, sentido de la justicia, libertad para crear y por sobre todo, para creer.