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LA SEXTA

BAHÍA BLANCA

GALERIAS PLAZA
EL "OMBLIGO" COMERCIAL DE BAHÍA BLANCA

Así como Londres tiene a la majestuosa Harrods; París sus distinguidas Galeries Lafayette; y Madrid al Corte Inglés, la ciudad exhibe con orgullo un emblemático complejo comercial situado en pleno microcentro y que, luego de 45 años de existencia, se ha convertido en la "L" más conocida por propios y extraños siendo visitada por miles de paseantes a lo largo del día. La visitamos...

Su Historia

Esta importante estructura edilicia, inaugurada el 28 de octubre de 1961, forma parte de la dinámica comercial de Bahía Blanca. Su construcción comenzó en 1957, la dirección técnica estuvo a cargo del arquitecto Raúl Costa Varsi y la inversión económica fue de los hermanos Samuel y Jaime Scheines.

La Sexta - Bahía Blanca
Una de sus dos entradas: la de calle Alsina

Cuenta con dos entradas, una por calle San Martín y otra por calle Alsina, convergiendo ambas a un hall, de forma de circular, que le confiere la caprichosa figura de "L" invertida.
Su concepción arquitectónica se complementa con una importante iluminación que realzan la imponencia de la galería. 
Coronando la misma se alzan dos torres edilicias de departamentos y oficinas. 
Precisamente, y para la calefacción de los departamentos del edificio, se usó un para la época novedoso sistema de losa radiante. 

Galerías Plaza mantiene su vigencia superando a través del tiempo los vaivenes de la economía. Cuenta con una amplia diversificación de locales: joyería, regalería, tabaquería, perfumería, tres cafeterías, comercios de deportes, zapaterías, relojería, bombonerías, sedería, perfumerías, mercerías, ropa informal y lencerías (incluso la erótica) que suman un especial atractivo a este paseo. 
Además de locales comerciales se encuentra también el Cine Plaza y dos radios FM. 
Sin lugar a dudas, y con el paso de los años, se ha transformado en un lugar tradicional de esparcimiento y encuentros para los bahienses. 
La convivencia de este tradicional complejo con los actuales shoppings es posible porque Galerías Plaza conserva el valor de lo clásico y ya es parte de la memoria viva de la ciudad.
Quienes transitan por sus pasillos y tienen alguna edad... no pueden dejar de recordar, con nostalgia, algunos de sus comercios más sustantivos. A y V Petrosino que, junto a Discomanías Toty's se disputaban el mercado de los longplays y 45 rpm. Lucky era el lugar indicado para adquirir mercadería importada que, en los '60, fue toda una novedad para la ciudad. 

La Sexta - Bahía Blanca
Vidrieras tentadoras, chicas bonitas... y una
escalera caracol que lleva a una de las dos
estaciones de FM que habitan en la galería

Mientras tanto Kosmos Libros ofrecía los últimos títulos que dividían las preferencias de ávidos lectores que consumían la producción de editoriales como Emece, Grijalbo o Sudamericana. La librería exhibía además, y como bonus track, posters con las estrellas musicales del momento.

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La Rotonda es el corazón neurálgico 
del complejo comercial. Se destaca 
lo  fastuoso de su iluminación cenital 

El basquetbolista Alberto Pedro Cabrera tenía un local de ropa deportiva; toda la cosmética se encontraba en Perfumerías Iafa, y las costosas pieles se adquirían en Peletería Admunsen.
Comentario aparte merece el café central conocido como La Rotonda y que aún hoy, aggiornado en su decoración, sigue operando en la galería. Era conocido como "el serpentario", ya que resumía entre sus parroquianos los chismes que tanto abarcaban la política, las finanzas como las infidelidades más celosamente guardadas. 
Otro lugar de reunión, por aquellos tiempos, era la Peluquería de Carlitos donde además de la "peluqueada", se ofrecía un servicio de manicura. 

La Galería en Números y Personajes

Tiene 101 locales cuyos alquileres, dependiendo del tamaño, cotizan entre 1.000 y 1.500 pesos mensuales. La llave de un comercio ronda los 10.000 y adquirir uno de estos espacios, promedio, orilla los 90.000 pesos contantes y sonantes. Los más grandes tienen una superficie de 30 metros cuadrados y, los más pequeños, 20. Las expensas comunes promedian los 300 pesos por mes. Y los sábados, día de mayor concurrencia, sus pasillos y cafés llegan a concentrar hasta 5.000 visitantes a lo largo de la jornada.  
Bernardo Dobry, de jóvenes 82 años, es el comerciante más antiguo del complejo. Valga el juego de palabras "inauguró cuando inauguró" el tradicional paseo bahiense.
De joven, cuenta, tenía el sueño de una sedería propia. Y lo cumplió en 1961. Esa utopía se llama Mon Reve precisamente, en francés, Mi Sueño.
Y no son pocos los que recuerdan a Lázaro López, un afamado vidrierista por aquellos años que engalanaba con su singular arte los locales. 
Lo que sí es poco conocido es el nombre que originalmente iba a tener la galería: es que en los proyectos figuraba como "Galerías Scheines". 

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Del álbum sepia: Dobry cuando
recién inauguró la galería

Tampoco son muy recordados los hermanos que pintaron el emblemático fresco (o mural) que está sobre la entrada de calle San Martín: Atilio y Fortunato Jorge. Está fechado en 1962.

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El mural, que data de 1962, fue realizado por los hermanos Atilio y Fortunato Jorge 

Origen de las galerías comerciales 

Surgieron como consecuencia de la tendencia irrefrenable del ser humano hacia el comercio y sus misterios. Antes de que aparecieran, las ventas se llevaban a cabo en ferias, mercados o bazares. 
Pero en el siglo XVIII comenzaron a generarse una serie de cambios que desembocarían en la construcción de monumentales galerías comerciales, (siendo la primera en su tipo la Royal Opera Arcade, de Londres, allá por 1790), que terminaron constituyéndose en verdaderos megacentros de comercio. 
Entre los siglos XV y XVIII surgieron en Europa transformaciones en la forma y contenido de la vida urbana. Este nuevo complejo de rasgos culturales derivaron en la creación de una nueva economía: el capitalismo mercantil.
La sociedad comenzó a buscar una imagen refinada que se identificase con este nuevo ideal y surgió, entonces, la necesidad constante de estar a la moda.
Aumentó la oferta y demanda de artículos lujosos y superfluos ya que la gente asociaba el poder adquisitivo con el acceso a niveles más  elevados en la escala social. Esta situación se reflejó en las ciudades.

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El complejo cuenta con tres bares y 
sus pasillos son recorridos por miles
de visitantes 

Proliferaron  tiendas, comercios y se incrementó el valor de los solares en dichas áreas. 
Se enriqueció la estructura urbana con la construcción de locales hacia el interior de las manzanas y surgieron las calles privadas de uso público, casi como peatonales. 
Dichas calles ofrecían recorridos lineales (o no tanto) y espacios donde se conjugaban actividades alternativas como pasear, comprar, recrearse, encontrarse y, lo más fundamental, mirar y ser visto (hoy se definiría como "caretear"). Se concretó así un nuevo modelo arquitectónico: la galería comercial. 
Es que antes que comenzaran a construirse esos palacios, con sus calles interiores, las tiendas de la época, a la calle y aislados unos de los otros, poco se diferenciaban de los comercios de la antigüedad y la edad media. 
Sólo en escasas ocasiones, por decisión de algún grupo de comerciantes, o en algún primario intento de planificación, se agrupaban en recovas, tales como la vieja del Paseo de Julio (que actualmente es la avenida Leandro N. Alem) en Buenos Aires, o la medieval de Chester.

La arquitectura del poder y sus detractores

Este estilo arquitectónico se originó en pleno auge del capitalismo y las galerías, entonces, aparecieron como las "gemas" más preciadas de los adinerados hombres negocios de fines del siglo XIX que asumieron un perfil absolutamente "keynesiano" y que terminaron generando una bisagra entre el "homo mercator" que acabó desplazando "homo sapiens". Surgió de esta manera una nueva escala de valores en la cual, tener más, era ser más. Así los dueños de las galerías sellaron su poder apelando a la originalidad de un nuevo tiempo esplendoroso. Un baño, si se quiere, de la cultura clásica como herramienta para legitimar su poderío.

El escritor español Ramón Gómez de la Serna definió las galerías como "museos de lujo y bagatelas que tienen un catálogo propio en los que se vive un concierto recatado en espera acuciante, pero sin apremiar" (algo así como que si hay necesidad de vender... que no se note). Mucho más agresivo fue Ugo Momeret de Villard, que definió esas catedrales comerciales como "una corrupta heredad que se ha arrastrado desde el plagio vulgar de las formas clásicas del Renacimiento hasta la pueril falsificación de la arquitectura de la antigüedad".

Sin embargo, la dureza de estas críticas no opacaron su esplendor y, por el contrario, dieron lustre y linaje a este nuevo estilo.

Hay que satisfacer a las masas

Hay quienes ven, en las estructuras de las galerías comerciales, una transición de la sociedad que dirigió sus pasos hacia el consumo y que fue la verdadera causa para la creación de estos espacios dedicados al comercio, en los cuales los ciudadanos podían satisfacer sus deseos consumistas de todo tipo de bienes.

Las clases populares, que en algún momento se vieron beneficiadas por un aumento de poder adquisitivo, se permitieron la adquisición de una gran variedad de artículos. Esto representó un cierto acercamiento a los niveles de vida de los burgueses por parte de las clases medias y populares, lo que hasta entonces había sido impensable. En las novedosas galerías comerciales las clases populares se mezclaban con la burguesía, podían imitar sus modas y costumbres durante la acción común del consumo porque estos comercios no estaban dirigidos únicamente a cubrir las necesidades de las clases media y alta, sino que pretendían llegar a toda la población.  

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Bernardo Dobry, titular de la sedería "Mon
Reve", es el comerciante más antiguo

De alguna manera el "ir de compras" se fue convirtiendo en un hecho común y en una forma de ocio. La localización de as galerías en los centros de las ciudades significaron una profunda alteración de la morfología y composición comercial, dando lugar a un modificado y característico paisaje urbano. Fueron la primera forma de concentración comercial dentro de la ciudad y se situaron en la zona comercial principal de las ciudades y facilitando la comunicación entre dos calles frecuentadas. De modo que las galerías obedecieron a patrones de localización muy determinados dentro de las grandes urbes metropolitanas. En su inicio, como las Galerías Plaza, se localizaron en los centros de las ciudades, en áreas de alta densidad de población y que, por su accesibilidad, permitieron reunir a un gran número de consumidores potenciales. Un plus no despreciable fue la importancia relevante en la vida social de las ciudades a las exhibir uno de estos complejos le otorgaron un símbolo de calidad y prestigio. 

Fotos: Carla Larribitté - "Paco" Pérez Martín

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