Una mirada a la toma de las escuelas

 

La falta de límites a las conductas de la sociedad argentina, basada en una cultura de la permisividad en aras de los derechos individuales sin tener en cuenta los de nuestros semejantes, ha tenido su máxima expresión en la nota de los colegios de la ciudad de Buenos Aires por parte de adolescentes (en crecimiento, carentes de juicio adecuado) creídos, alentados por adultos irresponsables y permitidos por autoridades incompetentes y que ha llevado a actos aberrantes como la violación de una niña y hechos vandálicos.Una mirada a la toma de las escuelas

La nefasta defensa que se ha hecho de los abusos en defensa de derechos humanos, solo ha servido para acabar con el principio de autoridad que ha pasado a ser patrimonio de quien ejerce más violencia, más grita, mas prepotea o quien más sufrido. Se ha inculcado, tras el desgraciado gobierno militar, la idea de que nadie puede impedir que se haga lo que se quiera porque ello puede llevar a excesos. Ello ha traído a la Argentina a la situación actual de que nadie tiene obligaciones, solo derechos.

Un adecuado análisis de este tema, con acento  en lo educativo como punto de partida a la superación de la crisis cultural, hace la experta Vilma Saldumbide en un reportaje que realizara Hinde Pomeraniec para el portal www.infobae.com

Vilma Saldumbide

“La toma de escuelas es el reflejo del corte de calles, de la toma de fábricas, de la protesta todo el tiempo”

 

Mientras comienza progresivamente a resolverse la toma colectiva que tuvo a decenas de colegios sin clases durante un mes, la experta en Educación y ex rectora del ILSE habló con Infobae sobre la crisis y describió la actual situación educativa. También habló de la capacitación de los docentes y del rol de los adultos que acompañan y estimulan las medidas drásticas.

La postal se repite. Regularmente, en la Ciudad de Buenos Aires los alumnos toman las escuelas en protestas por determinadas medidas. Los colegios que dependen de la Universidad de Buenos Aires no siempre son alcanzados por las mismas problemáticas pero sin embargo se suman y el eco mediático se amplifica. Se pierden días de clase que no siempre se recuperan y la calidad de esa recuperación no necesariamente alcanza el nivel deseado. Esta vez, la toma colectiva llegó como respuesta a una reforma en marcha, cuyos detalles aún están en discusión y de la que trascendieron datos como posibles pasantías de los alumnos de quinto año que muchos interpretaron como una explotación de los chicos por parte del mercado laboral, una “mano de obra barata” auspiciada por el Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. Unos treinta colegios se plegaron a la medida que para muchos es ilegal. Sin embargo, restan muchos puntos aún por discutir.

Transcripción de la charla

Una mirada a la toma de las escuelas

Vilma Saldumbide

En estos momentos se están resolviendo algunas cuestiones pero quedan muchas dudas en relación a las tomas de los colegios de la Ciudad por parte de los chicos. Al mismo tiempo, lo que se ve cada vez más es el acompañamiento y hasta el impulso por parte de los padres. ¿Cómo evalúa esta situación?

  • Yo creo que es bueno primero que nada poder delimitar que no es la masa de padres y la masa de chicos, porque cuantificar en investigación es importante y cuando escuchamos que a lo mejor sobre 2.000 alumnos han votado la toma 160, bueno, estoy hablando de una población muy minoritaria que, lamentablemente, a veces son las que llevan adelante medidas aparentemente democráticas pero en realidad es una minoría que no permite actuar de otra manera a otra mayoría. En cuanto a la participación de padres y adultos en esto, yo creo que hay un factor común, que las generalizaciones nunca son buenas, pero que tiene que ver con que hay padres que políticamente piensan que esto es un buen ejercicio y piensan que están con una causa noble y encuadrados en ese paradigma de vida les parece bien este tipo de medidas de fuerza, de protesta, etcétera. Pero hay otros padres que están en una franja de indecisos que en realidad lo que tienen es falta de información. A mí lo que más me desespera de estas tomas es la falta de información ¿Y por qué hay falta de información? ¿Es solo por incomunicación? No creo.

Aún no queda claro cómo trascendió la información de la reforma que desató la crisis..

  • Yo he trabajado en diseños curriculares donde hay un momento que se juntan los especialistas, que debaten estructuras, organigramas, relaciones, vínculos, formas de trabajo, formas de evaluación, recursos, todo lo que es al sistema en funcionamiento, mientras -o a continuación- el grupo de especialistas temáticos, los académicos propios de cada campo miran cuáles son los contenidos jerárquicamente priorizables, hacia dónde vamos. Hay otra etapa en la que se analizan otros procesos como la evaluación, la promoción, la inserción en el sistema. Luego padres, que pueden opinar. Luego los chicos, como usuarios de este sistema y teniendo en cuenta el marco de la edad porque no estoy debatiendo un plan de estudios con estudiantes de Medicina que medianamente ya tienen otro contexto del cual hablar, estoy hablando con adolescentes y sus prioridades a veces no son lo que ellos necesitan. No se puede necesitar ni querer aquello que no se conoce. Entonces el plan, el contenido, lo que va a figurar como materia prima de eso, tiene que ser un trabajo de gente que está en la materia, en ese campo, y que ha creado conocimiento al respecto. Yo creo entonces que los padres, los opinólogos, los chicos dando su parecer, todo esto son aportes muy importantes, pero hay un núcleo de gente especializada que tiene que trabajar en esto primero.Una mirada a la falta de autoridad

Usted habla de falta de información. ¿En qué medida se le puede adjudicar la responsabilidad al Gobierno de la Ciudad? Usted menciona las instancias por las que atraviesa una reforma como ésta. ¿Esto es algo que se filtró antes de tiempo? ¿Es algo que se manejó mal? ¿Cuál es su evaluación de lo que pasó?

  • No sé cuál fue la intención. Pienso que es algo que trasvasó antes de tiempo. Porque estamos en una etapa donde todavía dicen: “No lo sé”. Se habla de las pasantías laborales pero faltan 5 años, teóricamente para eso, entonces quién los va a recibir, cómo va a estar la vida, la economía, la empresa, el contexto social dentro de 5 años en un país donde somos una permanente puja de cambios y situaciones. Creo que hubo un apresuramiento, no sé si intencional o no, creo que no fue intencional porque no tiene sentido largar a rodar algo que está todavía tan precario, que viene además guardándose y mascullándose desde más atrás, porque esto no lo inventaron en el mes de agosto del 2017, esto viene con el cambio de la reforma de la escuela secundaria obligatoria, y ya ley, creció, hubo otra reafirmación legal. O sea viene creciendo, se viene trabajando. Este gerundio del “estar haciendo” implica que mientras estoy haciendo hay momentos en que comparto información y hay momentos en que es mejor que primero la gente se concentre y luego se abra porque se abre a opiniones de gente experta y no tan experta pero que también tiene derecho a opinar, ¿no?

En su experiencia de tantos años dentro del mundo de la educación, ¿cómo ve este momento de la educación en la Argentina? Digo: ¿el pasado fue mejor?

  • A mí me cuesta decir esa frase porque después de convivir toda mi vida con adolescentes esa frase me puede sonar a gente de edad, “mi pasado fue mejor, mi adolescencia fue mejor”. No, fue diferente. Ahora, tenemos que aprender cuándo lo diferente y los cambios están gestando cosas positivas y cuándo nos están frenando y no estamos sabiendo explotar la riqueza que tenemos en este momento en el campo científico y tecnológico. Yo digo: el tiempo pasado fue muy bueno, el libro era nuestra base, la biblioteca era un lugar sacrosanto, el laboratorio de investigación era el lugar de pensar, de crear, de inventar. Ese pasado fue muy bueno. Y había una cantidad de lectura y de actividades y de competencias intelectuales que se desarrollaban positivísimamente. Y todo eso estaba muy bien. Pero pienso hoy, con todo el desarrollo de la ciencia y de la técnica, con todo lo que nos brinda la neurociencia en cuanto a formas de aprender, de conocer, de pensar, de memorizar, de actuar, de insertarme, con todos los desarrollos de la didáctica a través de una tecnología que nos trae en un clic el mundo entero a nuestras manos, ¿cómo estamos explotando esto? Y me sale una respuesta: lo estamos explotando mal. Porque si esto estuviera bien explotado seríamos saetas al lado de la educación de otras épocas, y no somos saetas porque las competencias son como algo que se va construyendo, y para tener competencias más altas, de otro nivel, tengo que tener las competencias básicas.

¿Cuánto de todo eso tiene que ver con la falta de inversión y cuánto con la falta de capacitación de los docentes?Poner límites a las protestas

  • Hace unos segundos me preguntaste cómo está la educación actual: estamos mal, pero los educadores tenemos que ser optimistas y decimos “tenemos que estar mejor ya, hoy, en todos los niveles”. Y recién dijiste algo, la capacitación docente. Bueno, si empiezo por ahí bueno, es una punta para empezar, no solo la escuela media es una punta para empezar. En todo caso en el sistema educativo, lo que desde hace muchos, muchos años ha estado mejor y ha crecido mucho más saludable e inteligentemente es el nivel inicial. El nivel inicial, te acordarás porque sos alguien que también incursionó mucho en la cultura, los rincones de trabajo en el jardín, el poder dispersarse según la intención del chico. Esto fue un desarrollo muy bueno del jardín. La primaria ha ido perdiendo, desgranándose, ha ido perdiendo habilidades, competencias, ha ido perdiendo de vista cuáles eran las etapas creativas. La escuela es una gran caja de resonancia, es la resonancia social y cultural. Ayer me decían que el reflejo de las tomas de escuelas es el reflejo del corte de calles, de la toma de fábricas, de la protesta todo el tiempo, de la imposibilidad de ubicarse el adulto en su problemática de otra manera y con otros recursos. Y la caja de resonancia está en la escuela, y los chicos toman la escuela, y marchan también. En la escuela se perdieron normas, se perdieron hábitos, cambiaron los vínculos, cambió el concepto de autoridad, cambió el concepto de poder, quién tiene el poder. El que tiene el poder parece que tuviera el autoritarismo cuando el poder es algo muy lindo, es poder hacer, es poder guiarte, es poder pensar, es poder ayudar a desarrollar competencias. Eso es poder. Y además, tengo el poder de que en última instancia ante un caos, que son fenómenos naturales cuando conviven grupos de gente, el poder puede decir “basta” y “hasta acá”. Y esto hace bien, hace bien al chico, hace bien al adolescente, hace bien al adulto.

Ahora, Vilma, ¿por qué perdió autoridad el docente? ¿La perdió como consecuencia de una reestructuración de la sociedad post dictadura en donde cualquier cuestión de autoridad fue vista como autoritarismo? ¿La perdió por falta de capacidad profesional? ¿La perdió porque justamente los adultos, los padres digamos, perdieron respeto por la figura del maestro?Poner límites a la violencia

  • Todas estas variables que estás nombrando inciden. Cambió el modo de vincularse y de vivir. Las familias cambiaron sus estructuras, es decir en los últimos 40 años las estructuras familiares cada vez han ido flexibilizándose, armando y desarmando distintas figuras que antes era una figura mucho más fija, ¿no? Ahora hay otras estructuras. Eso hace cambiar las relaciones. Hace cambiar también cómo se maneja el ser humano en cuanto a cómo fue criado porque todavía tenemos generaciones bisagras; todavía muchos de nosotros fuimos criados en esa imagen de familia tradicional.

Sí, sí.

  • Yo creo que la escuela primaria perdió el timón, como vos decías, también por cambios familiares. También la escuela cambió este concepto de autoridad cuando pasó el gobierno militar. Hubo una escuela en la que en la primera semana de terminado el gobierno militar se presentaron todos los chicos en bermudas y ojotas. O sea, hasta dónde había una necesidad de ruptura. Entonces vino como una reacción. Era como que hasta los símbolos patrios estaban devaluados. Entonces yo creo que también allí se fue alimentando esta nueva vida, todo el nuevo paradigma, los modelos familiares, el cambio de autoridad, al autoritarismo había que romperlo y por lo tanto se rompió también el modelo de autoridad. Y esto también influyó muchísimo, sumado a una desvalorización del rol muy importante del maestro. Es decir, “el mejor nombre que me pueden dar es maestro”, decía Sarmiento, y hoy en día el del docente es un rol muy devaluado.

En el modelo finlandés, del que tanto se habla, lo que ve es que lo que hay ahí es una jerarquización de la figura del docente.  Al mismo tiempo, tenemos no sólo en la Argentina sino en América Latina docentes muy mal pagos, es cierto, pero que también se niegan a ser evaluados. ¿Por dónde hay que empezar? ¿Cómo ordenaría usted esto que se ve como una devaluación de la figura del maestro y también una devaluación en términos de formación docente?

  • Sí, la formación de los docentes ha sufrido también, no se salvó de la devaluación del sistema. Yo creo que, y que no me maten por eso, no es pagándoles más que se va a valorizar el rol. Sí es importante porque el dinero y el conocimiento son las dos fuentes de jerarquización y de poder, el que tiene el conocimiento y el que tiene el dinero. No vamos a negar que el cargo bien rentado está per se jerarquizado. Pero creo que sin lo otro, sin toda la formación personal que tiene que tener el docente… Es decir, yo en didáctica siempre les decía a mis alumnos que es un trípode la formación docente: la formación pedagógica, la formación cultural con su actualización, porque el docente tiene que estar metido en la cultura, y la personalidad. Son las tres patas insalvables de una mesa de formación y capacitación docente. Entonces creo que hay que trabajar muchísimo sobre eso. El docente necesita trabajar sobre áreas que están borradas, que tienen que ver con su emocionalidad. El docente está en permanente vínculo. El joven, el chico, permanentemente están proyectándole sus problemáticas. El docente es una figura muy difícil porque tiene que poder manejar sus propias emociones y poder manejar toda esta interacción vincular que se arma y que lo carga. El profesorado no forma en eso.Una mirada a la falta de autoridad

¿Los chicos enseñan también? ¿Los docentes tienen que escuchar a los chicos? ¿Cuánto, cómo, hasta dónde?

  • Creo que un buen docente sabe leer necesidades y oportunidades y sabe cuándo tiene que parar la clase. Porque también está toda la cosa de poder discriminar el manejo que puede hacer el adolescente o el chico en clase, ¿no? Creo que hay que escucharlo y creo que hay que tener momentos de evaluación también para el docente. El docente evaluado por el directivo que va, que mira clases. Pero no que dibuja notas porque la ficha esa va a ser determinante para su currículum o para su legajo sino poder observarlo para poder apoyar. Para decir qué bueno que estuvo esto, qué pena que no usaste tal programa para tal tema. Esta cosa de ir elaborando juntos y al mismo tiempo estoy evaluando en acción. Y los chicos también evalúan a su manera cada uno, a veces a fin de año cuando el docente le pregunta cómo fue el año “Y, siento que usted nos apretó muchísimo” “Esto fue terrible” es una evaluación. Una evaluación no es solo un formulario. Esta cosa que el docente abierto y flexible sabe captar es muy útil.

Todos conocemos más o menos cuáles son las obligaciones de los alumnos en la escuela. ¿Y cuáles son los derechos? Vivimos en democracia…

  • Yo creo que el estudiante tiene derecho a ser bien tratado. Tiene que tener derecho a expresar su opinión en el momento y lugar adecuado. Tiene que tener derecho a permitirse sugerir en reglamentos, en situaciones. Tiene derecho a formarse como ciudadano dentro de la escuela, los centros de estudiantes saludablemente existentes son muy buenos, son centros que en general elaboran propuestas, hacen cosas. Y que esa es una buena formación ciudadana constructiva. Hay gente que está de acuerdo, yo no, en lo que son las tomas y lo que son las marchas. Creo que ese tipo de protesta no conduce a nada…pero con la toma de las escuelas todo el mundo habla de educación y le dedicamos espacio. Se acaban las tomas y ¿qué pasa? ¿Qué pasa con todo lo que queremos hacer y construir? ¿Es suficiente que la ministra reciba una vez por mes o una vez por semana a grupos de chicos? Que en general son grupos no muy representativos, porque así como 160 tomaron una escuela de 2 mil y votaron democráticamente, así también los que van a charlar son 4, 5, 10, 20 chicos pero no llega a la comunidad total.
Una mirada a la toma de las escuelas

Vilma Saldumbide

¿Y no habría que impulsar en ese sentido más participación en las asambleas? ¿No será que tal vez hay que impulsar mayor participación en las asambleas para que los resultados sean efectivamente más democráticos y representativos?

  • Sí, lo que yo creo es que las asambleas, las reuniones, tienen que darse en el seno de la escuela, dentro de la escuela. Es decir, la asamblea multitudinaria cuando en una vereda hay 10, en una calle 10 escuelas sentadas ahí bregando por algo, ya está re contra demostrado que eso no conduce a nada. Ahora, dentro de la escuela, con las figuras representativas de la escuela, sea un directivo, sea quien sea, poder hablar, poder avanzar, poder decirle cuáles son las novedades que van viniendo, cosechar intereses y proyectos que pongan los chicos para después unificar y armar y que llegue esto a quien tiene que llegar, pero como fruto de un trabajo interno institucional, ahí sí participan todos.

Para terminar, recién dijo que los docentes tienen que ser optimistas. ¿Piensa que Argentina va a salir de este agujero negro en el que está metida en materia de educación?

  • Sí. Sí porque está la contracara: hay gente muy valiosa, hay docentes que trabajan muchísimo y muy bien en el aula, que tienen ideas lindísimas y que uno dice “eso se tiene que multiplicar”. Porque cuando en la Facultad de Derecho hay 400, 500, 800 chicos de todas las escuelas de Buenos Aires armando un simulacro de la organización de Naciones Unidas de la juventud, con cada país exponiendo un problema, decís “qué maravilla” y son los chicos, son los docentes que hacen todo esto. Y ahí no están pensando cuánto vale la hora cátedra solamente, ahí hay otra energía. Y creo que esa es la palabra que nos tiene que quedar como energía positiva porque hay mucha gente energética y positiva ocupando distintos cargos de educación.

 

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