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EDITORIAL - NOTA V

LA NUEVA PROVINCIA
UNA VEZ MÁS...
LAS DIAGONALES CONSPIRADORAS

El Dr. Carlos Pellegrini, fue presidente de la Nación y senador. El general José Inocencio Arias fue un brillante militar y gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tuvieron algunas cosas en común: fueron contemporáneos; pensaron en Bahía Blanca como capital de un nuevo estado federal; y murieron sin poder terminar sus respectivos mandatos. ¿Casualidad apropiada? ¿Fatalismo? ¿Conjuras? ¿Qué hizo fracasar este nuevo proyecto? Desentrañamos una historia desconocida e imperdible...

CAPÍTULO:  GENERAL JOSÉ INOCENCIO ARIAS

Un mensaje presidencial, una nueva esperanza

Cuando en 1912 el Dr. Roque Sáenz Peña asumió la presidencia de la Nación y dirigió su palabra para la apertura del período parlamentario surgieron, de sus conceptos, la posibilidad cierta que Bahía Blanca, nuevamente, tuviera otra oportunidad para convertirse en la capital de un nuevo estado provincial. Parecía como que los fracasos de anteriores proyectos en esa dirección, como el del fundador de "La Nueva Provincia", Enrique Julio, y el del senador nacional y ex presidente, Dr. Carlos Pellegrini, no hubieran logrado generar sedimentos lo suficientemente desalentadores como para ahuyentar las esperanzas en tal sentido.
El renacimiento de las viejas esperanzas bahienses encontró punto de apoyo en un párrafo muy especial del mensaje del presidente a las cámaras. Es que Sáenz Peña tenía intenciones de realizar una importante obra pública en el partido de Avellanada y, en tal sentido, propiciaba la federalización de ese distrito. Y lo fundamentó aseverando que la incorporación de aquella ciudad al distrito federal se había vuelto impostergable por razones de orden político, económico, de higiene y de seguridad. En esa dirección ya había tenido conversaciones con el gobernador provincial, a la sazón el general José Inocencio Arias, las que explicó habían sido acogidas "con marcada simpatía lo que me permite esperar que la legislatura provincial prestará su consentimiento". Las obras proyectadas permitirían el formal saneamiento del Riachuelo, ¡ya en aquéllas épocas motivo de preocupación!!
Como no podía ser de otra manera el diario "La Nueva Provincia", inmediatamente, se lanzó investigar las proyecciones del pensamiento presidencial, deduciendo que "la parte del mensaje referente a la federalización de Avellaneda" tenía una importancia trascendental para reflotar la idea de Bahía Blanca como cabeza de un nuevo estado federal. Las primeras conclusiones del diario, y sondeos con legisladores nacionales del partido de Roque Sáenz Peña que Enrique Julio tenía muy aceitadas, le permitieron inferir que el proyecto federalizaría un radio de 50 kilómetros que rodearía totalmente la capital del país. Por el norte llegaría hasta el Tigre, por el oeste hasta Luján y por el sur (y he aquí lo más importante), hasta La Plata incluyéndola.
Queda claro que, de prosperar el proyecto, la provincia de Buenos Aires perdería a su capital lo que otorgaba serias chances a la ciudad de Bahía Blanca de serlo de la Buenos Aires "residual". Enrique Julio pudo averiguar que, en compensación de esta federalización, el gobierno nacional se haría cargo de la deuda externa de la provincia que, en aquellos años, ascendía a 300 millones de pesos. Más aún: entraría también la cesión, a la provincia de Buenos Aires, de una parte de los territorios nacionales de La Pampa (proyecto Pellegrini) y de Río Negro (proyecto Enrique Julio). La ciudad elegida por Roque Sáenz Peña, como nueva capital provincial, sería Bahía Blanca y "la ciudad de las diagonales", La Plata, pasaría a convertirse en residencia del presidente de la Nación y sede de los ministerios federales.
A través de sus fluidos contactos con los poderes nacionales, el dueño del diario "La Nueva Provincia" pudo saber que la idea tuvo su origen en una visita que el presidente Roque Sáenz Peña había realizado a La Plata, habiendo manifestado que ésa era la ciudad ideal para convertirla en sede del gobierno nacional a fin que los gobernantes pudieran desarrollar su gestión sin las agitaciones y presiones propias de las grandes urbes. 
Pudo saber Enrique Julio que, luego que el primer magistrado diera lectura a su mensaje, dos legisladores bonaerenses: Santiago Luro y Horacio Varela, sorprendidos ante el posible desmembramiento de Avellaneda, se acercaron al presidente para indagarlo al respecto. Este les ratificó que ya había hablado con el gobernador Arias lo que motivó una urgente reunión de los legisladores con el mandatario provincial. Y Arias les manifestó estar de acuerdo con el proyecto por "interpretar conveniencias generales y porque dejaba paso a los intereses superiores de la Nación".
Lo cierto es que la estructura general del proyecto fue anunciada el 11 de junio de 1912 por el gobernador Arias en una conferencia de prensa. En síntesis el proyecto proponía:
ÖLa provincia de Buenos Aires entregaría a la Nación una zona de 50 kilómetros, hacia todos los rumbos del límite actual, comprendiendo los partidos de Vicente López, San Isidro, San Fernando, San Martín,  General Rodríguez, Moreno, Morón, Ramos Mejía, Avellaneda, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Quilmes y partes de San Vicente, Luján, Pilar, Brandsen y La Plata (ver mapa 1).


Mapa 1: implicaba, nada menos, que la provincia se desembarazara de esa malformación geopolítica
 que, con los años, sería denominada "conurbano" y que quedaba anexada a la ciudad de Buenos Aires

Ö Circunvalaría esa extensa zona un canal navegable que oficiaría de gran cinturón de la Capital Federal.
Ö La Plata sería federalizada y pasaría a convertirse en la nueva capital del país, asiento de las autoridades nacionales y los ministerios.
Ö La nueva cabecera del estado bonaerense sería Bahía Blanca "irreemplazable por sus condiciones de gran ciudad marítima".
Ö La Nación se haría cargo de una explosiva deuda provincial de 300 millones de pesos y cedería territorios nacionales de La Pampa y Río Negro, a determinar, que permitiría el "ensanche" de la provincia (ver mapa 2)


Mapa 2: el proyecto generaba la anexión a la nueva provincia de territorios, no determinados, 
de La Pampa y Río negro en canje por los 23 distritos que se anexaban a la capital del país

Ese señor llamado Arias

La primera pregunta a formularse es desde cuándo y por qué este gobernador, casi a contramano con la política asumida por sus antecesores en el cargo, adoptó una actitud tan positiva con respecto al traslado de la capital provincial a Bahía Blanca. Las primeras conjeturas, en tal sentido, pueden encontrarse en declaraciones que el propio general Arias hizo al diario "La Prensa" de Capital Federal. Allí deslizó que, en una visita  realizada, la ciudad sureña lo había impactado. También influyó en su ánimo un libro escrito por el Dr. Adolfo Posada, catedrático de la Universidad de Madrid, titulado "La República Argentina", que ensalza a Bahía Blanca comparándola con la emblemática ciudad inglesa de Liverpool que, muchos años después, sería cuna de los revolucionarios Beatles. Posada avanzó mucho más en su análisis y subrayó las siguientes ventajas:
a) La distancia que la separaba de la Capital Federal era una sólida garantía para evitar el asedio del poderío económico de esa metrópoli.
b) Era el asiento natural de la corriente inmigratoria no asimilada por la capital nacional.
c) Su explosión demográfica: 23.194 habitantes en 1900 y que, ya para 1909, superaba los 69.000.
d) Su economía creciente. La recaudación de 1900 fue de $ 173.630 y, nueve años después, ascendía a $ 825.703 con finanzas saneadas.
e) Sus colegios, instituciones y el grado de intelectualidad de sus habitantes.
Pero sin duda lo que el mandatario provincial se cuidó de comentar fue que la deuda externa provincial, acumulada, era de tal magnitud que los 300 millones de pesos aliviarían no sólo las arcas de su gobierno sino de los siguientes que lo sucedieran.

Las reacciones

La gran mayoría de los legisladores nacionales bonaerenses, que habían asistido a la conferencia de prensa de Arias, no sólo se retiraron de la misma de manera destemplada, sino que no concurrieron tampoco al banquete que el gobernador ofreció a continuación de la misma. Algo olía mal y la agitación provocada por el anuncio no tardó en expandirse. Al igual que lo ocurrido con el proyecto del Dr. Carlos Pellegrini, el desmembramiento territorial fue la bandera izada por los detractores.

Bahía Blanca: hora clave

Enterados de la buena nueva los bahienses iniciaron una decidida acción cívica tendiente a cristalizar sus viejos anhelos. El 13 de junio de 1912 se llevó a cabo, en el palacio municipal, una asamblea que resolvió la formación de un comité popular "Pro Capitalización" que fue presidida por el Dr. Gregorio Ugarte y secundado, en diferentes cargos, por personalidades de la talla de Norman Geddes, Emilio Duprat, Enrique Julio, el Dr. Valentín Vergara, Rufino Rojas, Ramón Olaciregui, Narciso Mallea, el Dr. Leónidas Lucero, Tomás López Cabanillas y Jorge Moore, entre otros. Naturalmente sus integrantes pertenecían a las esferas más representativas de la ciudad en el ámbito político, económico y social.
Estos notables desplegaron una batería de acciones que no reparó ni tiempo ni inversión económica. Así mantuvieron fluido contacto con el presidente de la Nación y con el gobernador Arias; buscaron adhesión en distritos vecinos; panfletearon; utilizaron la prensa; realizaron asambleas regionales constituyendo otros comités de campaña. Sin duda conmovieron a la opinión pública y Coronel Pringles, Benito Juárez, Tres Arroyos, Coronel Dorrego y Coronel Suárez se sumaron rápidamente a la nueva cruzada. 

Los Maquiavelos platenses  

El "blitzkrieg" para defenestrar el proyecto, cuando no, tuvo su impronta en la legislatura provincial integrada, mayoritariamente y tal como ocurre en la actualidad, por legisladores del centro y norte bonaerense. Se indignaron y rasgaron sus vestiduras (a la usanza romana) por la pérdida territorial que significaría la "evaporación" de los 23 distritos que serían federalizados si el proyecto culminaba con éxito. 


Dr. Roque Sáenz Peña

La ingeniería para hacerlo fracasar tampoco reparó ni en formas ni en medios: minutas de interpelación al ejecutivo provincial; encendidos discursos parlamentarios; visitas cotidianas a diarios y revistas de la época; movilización de los barrios periféricos de La Plata (algo así como los piqueteros de aquella época) mitines y panfleteadas fueron algunos de los recursos utilizados.
Era claro que, a medida que pasaban los días, en el congreso provincial se iba generalizando la sensación que lo de Roque Sáenz Peña y Arias "no correría"
El gobernador, que además de militar tenía olfato político, entendió que lo prudente era guardar silencio y retirarse de la escena sabiendo que "soldado que huye, sirve para otra guerra"
Para septiembre de 1912 el proyecto estaba en "vía muerta" aunque aún le faltaba el "disparo a la nuca" para terminar de rematarlo. 
Y esa "bala" llegó desde La Plata, "la ciudad inventada", con noticias poco alentadoras sobre su salud.

El general Arias había abandonado las tareas de gobierno las que delegó en su vicegobernador, el coronel Ezequiel de la Serna.
Su enfermedad, que comenzó como una simple gripe, se convirtió más tarde en congestión pulmonar y una complicación renal terminó provocando su deceso el 11 de septiembre de ese año.

Trama secreta

Una revista de la época, PBT, deslizó en un suelto que su deceso tuvo mucho de conjura e intriga palaciega "y que su desaparición, oportuna, fue funcional a los intereses provinciales que este general no representaba". Para colmo su ama de llaves, que era británica, salió sigilosamente del país una semana después de la muerte del general. La publicación deslizaba, intencionadamente, que buena parte de la onerosa deuda provincial tenía como acreedora mayoritaria a la banca inglesa.
Deberá recordarse (ver nuestra nota anterior) que los ingleses dominaban el puerto de Buenos Aires y que los norteamericanos necesitaban, para su expansión geopolítica continental, un puerto en el Atlántico y que, en esa dirección, habían alentado la creación de una nueva provincia, con capital en Bahía Blanca, bajo cuyo ejido operaba el puerto de aguas profundas más importante del país. Sin embargo no querían enemistarse con los británicos lo que los obligaba a manejarse con cautela. Y los ingleses, que sospechaban de las intenciones americanas, fueron permeables al otorgamiento de empréstitos a la provincia (gestionados por legisladores del centro y norte bonaerense) que, al endeudarse, perdió capacidad de manejo y autonomía. Es obvio, entonces, que el proyecto del presidente Roque Sáenz Peña, que incluía el salvataje financiero para las alicaídas arcas provinciales, amenazó con hacer naufragar la estrategia británica de evitar la competencia americana en el Atlántico si es que "los primos" se hacían del puerto de Bahía Blanca.

El adiós al general

Su muerte fue muy lamentada. De hecho, y en homenaje al hombre que había generado una nueva posibilidad para la ciudad, se le puso años más tarde su nombre a la arteria empedrada que une Bahía Blanca con Ingeniero White. La muerte del general José Inocencio Arias dejó sin realización posible al proyecto. Su secretario, Manuel María Oliver, escribió una carta a Enrique Julio donde le comentaba: "Un día antes de su fallecimiento me expresó: Dígales a los de Bahía Blanca que no cejen en sus proyectos; que si me muero no abandonen la idea ya que la misma contribuirá a la grandeza de la Nación y de la provincia. Pero parece que Dios no quiere. Dejo la semilla en el surco... que otros trabajen y cosechen". Un día más tarde el mentor había muerto. Un comunicado de La Plata terminó de poner la lápida definitiva. Escuetamente decía: "Siendo transitorio el gobierno del coronel de la Serna, cuya principal atención estará puesta en las próximas elecciones a gobernador y renovación legislativa, no podrá ocuparse de la federalización propuesta por el gobernador Arias".
¡Qué distinto hubiera sido el futuro de la "provincia interior" si, casi un siglo atrás, hubiera podido desembarazarse de esa malformación geopolítica denominada "conurbano"!!
El tango, con sus letras tristes y melancólicas, suele aportarle al periodista la filosofía de bolsillo necesaria para algún cierre de nota que tenga esa impronta. Un réquiem apropiado si se quiere. Por eso "Desencuentro", de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo pareciera el adecuado. Dice el poeta: "Creíste en la honradez y en la moral... ¡qué estupidez! Por eso, en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir"
Bahía Blanca, una vez más, había tenido un "desencuentro" con la historia de grandeza para la que estaba preparada.

Por Carlos A. Guardiola
Investigación periodística: Lic. María Cristina Garbiero
 

UN HÉROE QUE NO TUVO
DESTINO DE BRONCE

José Inocencio Arias tuvo una vida dedicada por entero a la carrera militar adquiriendo merecido prestigio. Ya en los altos grados del escalafón fue llamado a ocupar posiciones políticas. Nació en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1846. Tenía apenas quince años cuando se incorporó al ejército porteño, en vísperas de la batalla de Pavón, como soldado voluntario. Fue ascendiendo por méritos propios, grado a grado, y durante la guerra contra el Paraguay, en 1865, ya ostentaba el grado de capitán del 6 de Infantería de Línea. Durante las distintas batallas creció su fama de militar valiente y arrojado. Fue varias veces herido en combate y conquistó nuevos galones.  
Un episodio de guerra, el combate de La Verde el 28 de noviembre de 1874, en el que con tan sólo 800 soldados resistió y contuvo el ataque del numeroso ejército revolucionario del general Bartolomé Mitre, rindiéndolo, le abrió las puertas de la notoriedad. Fue ascendido a coronel sobre el campo de batalla y el gobierno nacional le otorgó honores y recompensas.  
Al estallar la lucha armada entre Buenos Aires y el gobierno nacional, en 1880, Arias pidió su baja del ejército y se alistó entre los defensores de Buenos Aires encomendándosele el mando de las fuerzas provinciales con que las que luchó en los combates de Olivera, Puente de Barracas y Corrales, sin poder evitar el triunfo de las armas de la Nación.  
En ese mismo año de 1880 ocupó una banca en el Senado de la provincia y, en 1888, sus coprovincianos lo eligieron diputado al Congreso Nacional. En 1894, al renovarse el poder ejecutivo bonaerense, fue electo vicegobernador en la fórmula que encabezó el doctor Guillermo Udaondo. En 1910, ya con el grado de general de brigada al que había sido ascendido por el gobierno nacional, pasó a ejercer la gobernación de Buenos Aires con mandato hasta 1914. Asumió representando al partido Conservador, formado sobre la base de los antiguos Partidos Unidos. Por entonces acababa de ser electo presidente de la Nación el doctor Roque Sáenz Peña.  
El primer ejercicio de su mandato cerró con un déficit de más de 7 millones. Tomó empréstitos del exterior, autorizado y alentado (ver "Trama secreta") por la Legislatura, por veintiocho millones de pesos oro. Para el siguiente año la deuda externa era abrumadora y agobiante: $ 300.000.000.  
Durante su gestión fue creado el "Boletín Oficial". Desarrolló una obra  proficua. Hubo deuda, pero también obra pública que justificó el enorme déficit. El 2 de septiembre de 1912 el gobernador Arias sintió los primeros síntomas de la enfermedad que iba a llevarlo a la tumba. Ese mismo día delegó el mando en su vicegobernador y nueve días más tarde, el 11 de septiembre, dejó de existir tras haber ejercido la primera magistratura de la provincia por espacio de dos años y cuatro meses. Fue el primer gobernador de Buenos Aires que falleció ejerciendo el cargo. Uno de sus sueños inconclusos fue convertir a Bahía Blanca en capital de un nuevo estado provincial.

LA AVENIDA Y EL GENERAL  


Foto: Carla Larribité

Es, sin lugar a dudas, una calle emblemática en la historia de Bahía Blanca. Paralela a la vía férrea constituyó, a principios del siglo pasado, el único vínculo con la zona portuaria. 
Por ella pasó gran parte de la riqueza regional que, atravesando el océano, buscó el horizonte de muelles ultramarinos. 
Su piso, de adoquines, y la coraza de antiguos eucaliptus, que la protege, conservan la imagen de una etapa histórica y decisiva para la consolidación de la ciudad.  
No es mucho lo que se puede rastrear sobre su historia. Los primeros pasos para su construcción los dio, en 1906, el intendente Ramón Olaciregui que elevó al Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza que abría un camino, de siete metros de ancho, en la prolongación de la avenida Colón y que llegaría hasta la plazoleta de la Aduana, en Ingeniero White. 
El financiamiento quedaba supeditado a una decisión del Congreso Nacional de conceder terrenos del estado pero la idea no prosperó. 
El 17 de mayo de 1912 el Concejo Deliberante aceptó una propuesta, presentada por el Ferrocarril del Sud, que fijaba la traza y pautas para su construcción. 
Un año después, durante la gestión de Rufino Rojas, se continuó con los trabajos de adoquinado y se sabe que, en 1915, quedó librada al tránsito. 
Tiene un recorrido total de siete kilómetros y medio. Su denominación honra al general José Inocencio Arias, gobernador bonaerense, entre 1910 y 1912, que supuso para Bahía Blanca destinos de capital de un nuevo estado provincial.  

 

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