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Solo es una máscara…

 

Carnaval. “Estamos frente a un espectáculo, no frente a la vida”

Por Raúl Albanece*, especial para Infoner

¿En qué momento se pasó de la parodia a la sátira?, se pregunta el escenógrafo y director de la Diplomatura en la Fiesta Popular del Carnaval, Raúl Albanece, luego de que la desvinculación de la pasista de Papelitos, Mariam Ferrari, se convierta en un show mediático y en un “escándalo”.

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

La fotografía de Mariam Ferrari desfilando en la noche que provocó el escándalo.

El carnaval es un género teatral

Los festejos carnavalescos en Gualeguaychú son resultado de diferentes influencias tradicionales y adquiridas. La mezcla de símbolos y rituales fue dando origen a las tradiciones y festejos sincréticos que se dan en la actualidad y que Ximena Gutiérrez Muñoz llama “Carnaval Mediático”. Este tipo de carnaval pone énfasis en la teatralidad de las manifestaciones y nos remite, en algunos aspectos, al teatro épico brechtiano.

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

La fotografía de Mariam Ferrari con la que la Comparsa Papelitos promocionaba su espectáculo. No parece una pose muy distinta a la que fue tan criticada.

El teatro épico y el carnaval buscan comunicarse de forma simple con el pueblo. Las agrupaciones carnavalescas, según Augusto Boal son “una de las formas teatrales más simples, en que el pueblo manifiesta libremente sus ideas y emociones […]. Surge naturalmente en todas las manifestaciones populares festivas, y puede o no ser sistematizada por grupos organizados.” Boal remarca la función catártica del carnaval en el cual se pueden transgredir las leyes y costumbres para luego, una vez pasados los días de fiesta, volver al orden; y describe a las escuelas de samba como la composición de una canción que narra alguna historia, preferentemente de contenido nacional, que es interpretada por los integrantes-bailarines y los músicos mientras el coro canta.

La función catártica de la que habla Boal ya no se da tan claramente en el carnaval de Gualeguaychú una vez que asumió la forma de espectáculo organizado y fue perdiendo, aunque no del todo aún, el aspecto espontáneo e improvisado; asumiendo su carácter teatral originario.

El carnaval es claramente una ficción, y en ese contexto hay que verlo, disfrutarlo y analizarlo. La cosmovisión carnavalesca reniega de la condición oficial y contempla el mundo desde un punto de vista cómico, el cual provoca una liberación transitoria de las personas debido a la abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y tabúes. Mijail Bajtin nos presenta esta visión constituida por una segunda vida del pueblo basada en el principio de la risa.

Durante la Edad Media y el Renacimiento los aspectos serios y cómicos eran igualmente sagrados e igualmente “oficiales”. Al establecerse el régimen de clases y de Estado las formas cómicas adquirieron un carácter “no-oficial” y se transforman en un aspecto fundamental de la “cultura popular”.

Esa segunda vida de la que habla Bajtin sobrevive en la cultura “popular” generando un mundo infinito de formas y manifestaciones de la risa que se opone a la cultura oficial. Estas manifestaciones se sitúan en la frontera de arte y vida, e ignoran la distinción entre actores y espectadores. Esto, puede generar confusión en aquél que asiste a un desfile de carnaval y al no reconocer que se encuentra en la frontera misma de la vida y el arte no logra discernir entre realidad y ficción.

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

El carnaval en la Edad Media, reflejada en esta pintura.

La parodia carnavalesca es un estado peculiar del mundo en el cual la risa es “general”, ambivalente, y contiene a todas las cosas y la gente. Enuncia el pensamiento de una sociedad consciente de estar en permanente cambio en el cual “me río con…” en contraposición a la sátira que se asume ajena y enfrentada al elemento de referencia en donde “me río de…”

La cosmovisión carnavalesca, según Bajtín, puede sistematizarse en tres lineamientos interdependientes entre sí:

1) Formas y rituales del espectáculo

El principio cómico que preside los ritos carnavalescos los exime completamente de todo dogmatismo religioso o eclesiástico, del misticismo, de la piedad y están por lo demás desprovistos de carácter mágico o encantatorio, aunque hayan surgido de rituales religiosos en los inicios de la civilización humana. Todas estas formas son decididamente exteriores a la Iglesia y a la religión. Pertenecen a una esfera particular de la vida cotidiana.

2) Obras cómicas verbales

Esta literatura expresa la cosmovisión carnavalesca y por ende utiliza su lengua, formas y símbolos. La parodia se basa completamente en la concepción grotesca del cuerpo. El cuerpo no está acabado ni es perfecto, es la plasmación de un proceso de metamorfosis. El carnaval, en su esencia, se esfuerza por expresar en sus imágenes la constante imperfección de la existencia. Nadie es perfecto.

3) Diversas formas y tipos de vocabulario familiar y grosero

Se genera un vocabulario proteico cuyo rasgo fundamental es una lógica de componentes paradójicos y contrapuestos. Operan cambios de sentido o eliminación de formas desusadas con una utilización habitual de groserías produciendo un clima de libertad. Durante el carnaval las groserías cambiaban considerablemente de sentido, para convertirse en un fin en sí mismo y adquirir así universalidad y profundidad.

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

El carnaval, dicen los historiadores, data de hace 5.000 años.

Gracias a esta metamorfosis, las palabrotas contribuían a la creación de una atmósfera de libertad dentro de la vida secundaria carnavalesca. Hoy en día las groserías conservan una idea negativa del cuerpo transmitida por la cultura afirmativa y satirizan el elemento aludido. En las groserías actuales, y que se han publicado masivamente en las redes sociales respecto de la pasista de Papelitos los últimos días, no queda nada del sentido general, ambivalente y regenerador del carnaval, son claramente insultos.

No nos confundamos

En la parodia carnavalesca la burla incluye al burlado: “me río con…”

En la sátira la burla excluye y denigra al burlado: “me río de…”

Pasamos de la parodia a la sátira en el momento en que una espectadora que asiste a un desfile de carnaval no reconoce que se encuentra en la frontera misma de la vida y el arte y no logra discernir entre realidad y ficción. No percibe que asiste a un espectáculo teatral y ve, le disgusta, y analiza el hecho ficcional como real. No consigue realizar un “distanciamiento” de aquello que ve y se indigna con lo que cree que no debería ocurrir en la vida.

Graba un show y lo sube a las redes manifestando su enojo contra una artista del carnaval en lugar de manifestarse molesta por el personaje representado… hasta diagnostica que la bailarina estaba bajo la influencia de estupefacientes. La bailarina, la artista… nada dice del personaje. En esta era en que las redes sociales hacen creer a muchos que todos son periodistas, que todos son doctores en todología, todos salieron a opinar y a emitir sus groserías desprovistas del sentido general, ambivalente y regenerador del carnaval, a lisa y llanamente insultar a la persona confundiéndola con el personaje.

¡Carnival Freak Show!

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

El escándalo forma parte del espectáculo.

Papelitos nos presenta una parodia de la vida de los últimos acontecimientos mundiales, la supuesta trampa electoral rusa por la cual llega a presidente del país más poderoso del mundo, supuestamente, quien perdió las elecciones, entre otras situaciones confusas y bizarras.

Carnival Freak Show, podemos traducirlo como Espectáculo Bizarro de Carnaval. En donde “bizarro” adquiere el significado de “extraño, grotesco, extravagante, raro”.

El espectáculo que tanta polémica ha generado y que ha llegado a los medios nacionales es un “freak show”, es decir, un espectáculo bizarro. Un show de un personaje acorde al tema que está representando la comparsa.

El teatro argentino, a fines del siglo XIX, nació con un escándalo similar a éste que llegó a la prensa de la época. En una representación de “Juan Moreyra”, durante la escena del fusilamiento, varios espectadores, confundiendo la ficción con realidad, saltaron a la arena del circo para enfrentar a los soldados y defender a Moreyra.

El carnaval es un género teatral y no puede verse o analizarse como realidad porque uno no ve a Mariam Ferrari en su vida diaria sino a Mariam Ferrari representando un personaje de una ficción en el escenario del corsódromo, en este caso.

En lo personal, no me gustó lo que hizo, considero que no es adecuado para una pasista o a lo que estamos acostumbrados a ver en una pasista, pero desde el punto de vista profesional me pareció un show magnífico, extravagante al extremo. No comparto la decisión de reemplazarla como consecuencia del cyberbullying a la que fue sometida esta pasista. Tomar decisiones en función de opiniones en las redes sociales puede resultar peligroso. Acepto perfectamente que el reemplazo haya sido para resguardar su persona y su estabilidad emocional.

Pero creo que, si se analiza de manera seria y profesional, nos ha dado un espectáculo brillante y los carnavalescos debemos hacer una tarea de formación de espectadores para que puedan reconocer que están frente a un espectáculo, no frente a la vida.

Comparsa Papelitos y Mariam Ferrari

Raúl Albanece

*Raúl Albanece

Escenógrafo. Es Profesor de la cátedra de Escenografía en el Profesorado de Teatro, FHAyCS de la UADER; Director de la Diplomatura en la Fiesta Popular del Carnaval Regional de la misma universidad; Profesor de las unidades curriculares de Estética y Crítica de Arte, y de Producciones Audiovisuales y Digitales en el Profesorado de Artes Visuales del ISPED de Gualeguaychú. Investigador en Artes en la Universidad Nacional de Tucumán.

Se encuentra en el proceso de escritura de su tesis “Elementos del teatro épico en el carnaval de Gualeguaychú” para obtener el título de la Maestría en Teatro, mención Diseño Escénico en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

 

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