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No tendrán mi odio

Leiris no nombra a su esposa, Hélène Muyal-Leiris, artista de maquillaje parisina,  una de las víctimas de la masacre en el Bataclan, París.

Leiris no nombra a su esposa, Hélène Muyal-Leiris, artista de maquillaje parisina, una de las víctimas de la masacre en el Bataclan, París.

“Vuestra derrota es nuestro hijo”

Por Mauro Leonardi, de paginasdigital.es

El mundo se conmueve con Antoine Leiris, cuya esposa fue asesinada en París. Se ha quedado solo con su hijo de 17 meses y ha publicado en Facebook un breve post, breve porque tiene que darse prisa para dar de merendar a Mervil. “No os haré el regalo de odiaros”, dice, y continúa explicando cómo su esposa le acompañará todos los días de su vida hasta que puedan reencontrarse en ese paraíso de almas libres donde los terroristas nunca podrán entrar. “Si este Dios por el que ciegamente matáis nos ha hecho a su imagen, cada una de las balas del cuerpo de mi mujer habrá sido un herida en su corazón. Por eso no os haré el regalo de odiaros. Sería ceder a la misma ignorancia que ha hecho de vosotros lo que sois”.

Pocas palabras con las manos preparando una merienda infantil. Es la actitud de quien atraviesa la costra del mundo de las personas libres y heridas. Mientras leía estas palabras, pensaba que este mensaje es la respuesta a todos esos que al menos una vez en la vida han dicho que las palabras no sirven de nada. Tal vez ya no sirvan las palabras “habladas”, quizás estemos ya cansados de discursos. Pero las palabras del corazón, palabras verdaderas, como las escritas en una carta como esta, esas no cansarán nunca. De hecho, dan descanso. No eliminan ningún dolor pero llaman a las cosas por su nombre. Las afronta, las mira a la cara.

Son palabras para los que piensan que el dolor debilita el alma y que el miedo aniquila nuestras fuerzas. Es el odio lo que debilita y aniquila, aunque parezca vencedor. “Juntos somos más fuertes que todos los armamentos del mundo”, dice un poco más adelante. “Nosotros que perdonamos somos más fuertes que los que nos odian”. “Nosotros” son él y su hijo: la unión hace la fuerza y el amor une. El amor vence siempre, incluso cuando parece que ha perdido.

Hèlène Muyal Leiris,

Hèlène Muyal Leiris,

Para los que piensan que París es el principio del fin, esta carta servirá para descubrir en cambio que siempre se puede volver a empezar: por nuestros hijos, por nosotros mismos, pero también por los inocentes que han muerto. Se puede y se debe. Escribir, rezar, callar. Y luego ir a preparar la merienda. Porque para empezar, ¿qué hay que hacer? ¿Qué puedo hacer yo? La merienda.

La carta de Antoine

El viernes por la noche, ustedes robaron la vida de un ser humano excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendrán mi odio.
No sé quiénes son y no quiero saber. Son almas muertas. Si este Dios por el cual ustedes matan indiscriminadamente nos creó a su imagen, cada bala en el cuerpo de mi esposa habrá sido una herida en su corazón.
Por eso, no. No les daré el regalo de odiarlos. Están pidiendo eso, pero responder odio con odio sería darles la misma ignorancia con la que están hechos.
Quieren que tenga miedo, para ver a mis compatriotas con desconfianza, para sacrificar mi libertad por seguridad. Han perdido. Este jugador sigue jugando.
La vi a ella esta noche. Finalmente, después de muchas noches y días de esperar. Ella estaba tan hermosa como cuando salió de casa la noche del viernes, tan hermosa como cuando caí enamorado sin esperanza hace doce años.
Por supuesto que estoy devastado de dolor, admito esta pequeña victoria, pero será efímera. Sé que nos acompañará cada día y eso nos encontrará a nosotros en este paraíso de almas libres al que ustedes nunca tendrán acceso.
Somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo.
No tengo más tiempo para dedicarles, tengo que unirme a Melvil, quien se está despertando de su siesta. Tiene apenas 17 meses. Comerá sus comidas como de costumbre y después jugaremos como siempre, y toda su vida este pequeño niño te amenazará sólo por ser feliz y libre. Porque no, no tendrás tampoco su odio.

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