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Suicidas

 

Airadas protestas y discusiones ha suscitado la determinación del árbitro del partido que Boca y Cruzeiro disputaran por la Copa Libertadores, expulsando al jugador del equipo brasileño tras interpretar un video del ridículo instrumento llamado VAR donde se repite la jugada en la cual queda lesionado el arquero Andrada. El juez del partido, que no lo vio estando a pocos metros de la acción lo observó en una simulación del hecho como resultan las imágenes en cámara lenta.

La violenta arremetida en sí misma constituye una falta que debe ser sancionada con expulsión y más, de ambos jugadores, pero resulta una injusticia ante las cientos de jugadas similares sin siquiera ser sancionadas como jugadas peligrosas que se suceden durante el desarrollo de los partidos de este moderno juego mal llamado fútbol, dado que no tiene ya nada que ver con el hermoso deporte que supo convocar a millones de espectadores.

Los puños de Andrada de casualidad no aciertan en las cabezas de propios y adversarios, la cabeza de Dedé no se contiene ante la arremetida de Andrada…actos suicidas.

Recuerdo en el año 1956 o 1957, cuando escuchaba los partidos por radio, un hecho que se produjo en un ardoroso partido jugado por Uruguay y Brasil, donde un jugador del seleccionado oriental sufrió un corte en la cabeza y siguió jugando con una ¡venda! Y los signos de admiración vienen a tratar se graficar las expresiones del relator y los titulares de los diarios. Eran infrecuentes las lesiones en la cabeza y nunca visto que prosiguieran jugando vendados. Las lesiones en esa parte tan delicada del cuerpo sometido a golpes, obligaban por precaución a retirarse del campo de juego.

Da lo mismo cabecear pelota o adversario, aun a riesgo propio, pero lo que importa es la plata, no la salud.

Ya años más tarde, cuando editaba la revista Posiciones (1991-1997), imbuido como estaba de las noticias y acontecimientos del fútbol infanto-juvenil, tuve conocimiento de un informe donde se advertía el exponencial aumento de las lesiones en las partes del cuerpo desde la cintura hacia la cabeza, con predominio de las sufridas por esta.

Lo que protagonizaron Andrada y Dedé y que terminara con la lamentable lesión del arquero, fue un acto suicida por parte del arquero y criminal por parte del defensor. Tan suicida y tan criminal como las demasiado frecuentes acciones que se ven en los partidos del mal llamado fútbol.

Si no entienden que salir a golpear con los puños en la pelota poniendo en riesgo la cabeza de adversarios y compañeros o tratar de cabecear la pelota sin saber calcular que caerá en la cabeza de otro, alguien deberá hacérselos entender, sean los árbitros con la expulsión, los tribunales de pena con la prohibición de volver a integrar un equipo, sean los entes regulatorios del símil futbol dictando normas expresas, sea algún denunciante o fiscal por constituir el delito de intento o lesiones graves.

Mientras esto no suceda, la expulsión y por consiguiente sanción al jugador Dedé, solo puede ser tomada como una inexplicable, injusta, tendenciosa, venal (cada uno pondrá el calificativo que considere), medida por una falta que nunca se cobra. Excepto que cree precedente y se aplique de aquí en más.

Seguramente la mayoría de quienes lean esta nota pedirán explicaciones a cómo deben tratar de rechazar los arqueros o como ir al cabeceo de una pelota. Simplemente remítanse al reglamento del fútbol.

Mario R. Martín